¡3 minutos para la medianoche! Eso marca el reloj del juicio final.

En 1945 justo después de que Estados Unidos lanzara las bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, un grupo de científicos del Proyecto Manhattan, de la Universidad de Chicago, crearon el Boletín de Científicos Atómicos con la misión de ayudar a educar al público sobre los peligros de las armas nucleares.

Dos años después de su creación (hace más de 70 años), al grupo se le ocurrió la idea de crear el reloj del juicio final,  una especie de metáfora visual que expresa lo cerca que puede estar la humanidad de una hecatombe. Cuanto más cerca estén las manecillas de este reloj de las 12 pm o medianoche, más cerca está el mundo de una posible catástrofe capaz de acabar con la civilización. Martyl Langsdorf, pintora y esposa de uno de los científicos que trabajó para el Proyecto Manhattan, fue la que ilustro el reloj para la portada de la revista, por aquel entonces el reloj marcaba las 11:53 pm.

La primera representación del Reloj del Juicio Final apareció en la portada del Boletín de Científicos Atómicos hecha por Martyl Langsdorf en 1947.

La primera representación del Reloj del Juicio Final fue hecha por la pintora Martyl Langsdorf y apareció en la portada del Boletín de Científicos Atómicos de 1947.

Cada año un comité de esta revista se reúne para evaluar las amenazas que se ciernen sobre la humanidad, prestando especial atención a temas tan sensibles como misiles nucleares o el cambio climático, para posteriormente decidir si el reloj del juicio final, necesita o no un ajuste.

Durante los últimos tres años este reloj ha estado señalando 5 minutos para la media noche, pero hoy se ha adelantado a sólo 3 minutos para la medianoche.

3 minutos para la medianoche

La vez que más cerca ha estado de la medianoche fue en 1958, cuando marcó las 11:58, después de que tanto la Unión Soviética como Estados Unidos realizaran las primeras pruebas de la bomba de hidrógeno.

17 minutos es lo más lejos que hemos logrado estar de la ominosa medianoche, cuando en diciembre de 1991, después de la firma del tratado para la reducción estratégica de armas, el reloj se ajustó a las 11:43. Sin embargo desde entonces el pronóstico de este comité de científicos ha sido cada vez más nefasto.

En enero de 2012 las manecillas del reloj fueron adelantadas a las 11:55 pm, (un minuto más cerca de la medianoche que el año anterior), en ese momento el comité estaba particularmente alarmado por el accidente en la central nuclear de Fukushima y la creación de la cepa transmitida por el aire del virus de la influenza H5N1. Durante los años 2013 y 2014 el reloj se mantuvo inmóvil.

En años anteriores este comité de científicos ha expresado que tanto el cambio climático como las armas nucleares son las dos amenazas más grandes a las que nos enfrentaremos en 2015.

En un reciente comunicado el comité ha indicado una lista de eventos que han influenciado sus deliberaciones, entre ellos se encuentra el preocupante reporte de noviembre de 2014 del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés); la falta de acciones adecuadas para la frenar las emisiones de gases de efecto invernadero durante las más recientes reuniones celebradas en Lima, Perú; y la falta de progreso por parte de Estados Unidos y Rusia en la reducción de sus respectivos arsenales nucleares.

Anuncios

El alienígeno origen de las nubes nuctilucentes.

photo12

Este particular tipo de nubles también conocidas como nubes mesosféricas polares, con su peculiar forma de ondas luminosas color azul eléctrico, suelen dar una especie de atmósfera alienígena al cielo crepuscular, y es que dicha semejanza no es coincidencia, ya que el ingrediente clave para su formación proviene del espacio exterior.

James Russell de la Universidad de Hampton y jefe del proyecto que tiene a su cargo el satélite AIM, llamado así por las siglas en inglés de Aeronomía del Hielo en la Mesosfera (Aeronomy of Ice in the Mesosphere) de la NASA,  se encarga de analizar este tipo de fenómenos, y señala que se ha detectado que este tipo de nubes contienen una pizca de humo de meteoros.

Las nubes nuctilucentes o nubes luminosas, según lo indica su nombre, han sido todo un misterio desde su descubrimiento en 1885 por el alemán T.W. Backhouse. En un principio se pensó que su origen se debía a las cenizas arrojadas por la explosión del volcán Krakatoa, pero en cuanto las cenizas desaparecieron llevándose consigo los formidables atardeceres que hicieron de la observación de los cielos vespertinos un romántico pasatiempo, las nubles nuctilucentes permanecieron, y hoy día pueden ser observadas con mayor claridad que nunca entre los 50 y 70 grados al Norte y Sur del Ecuador.

Fotografía de Adrian Maricic. Loch Leven Fife, Escocia. 2 de julio, 2011.

Fotografía de Adrian Maricic.
Nubes nuctilucentes sobre el lago Leven, Escocia.
2 de julio, 2011.

El satélite AIM lleva consigo tres instrumentos, uno de ellos denominado SOFIE, según las siglas en inglés de Ocultación Solar para el Experimento de Hielo (Solar Occultation for Ice Experiment), que como su nombre lo indica, utiliza una técnica de ocultación solar para medir la energía proveniente del Sol que atraviesa el limbo de la atmosfera terrestre mientras el Sol sale o se oculta. Con la ayuda de este instrumento se ha podido determinar que cerca del 3% de cada cristal de hielo que compone las nubles nuctilucentes, tiene un origen meteórico.

El interior de nuestro sistema solar está plagado de meteoroides de diferentes tamaños que van desde los 50 metros hasta diminutas motas de polvo. Cada día la Tierra atrapa toneladas de este material, principalmente los más pequeños, cuando estos meteoritos penetran la atmósfera se incendian, dejando atrás una especie de niebla compuesta de diminutas partículas suspendidas a una altura de entre 70 a 100 kilómetros sobre la superficie terrestre. No es coincidencia que las nubles nuctilucentes se formen a 83 kilómetros de altura, directamente en la zona de niebla meteórica, porque precisamente estas diminutas motitas actúan como puntos de atracción donde las moléculas de agua se reúnen para formar cristales de hielo, en un proceso llamado nucleación.

La nucleación es un fenómeno que ocurre todo el tiempo en la capas inferiores de la atmósfera. En las nubes ordinarias, las motas de polvo en suspensión e incluso los microbios sirven como sitios de nucleación. Las gotas de agua, los pequeños cristales de hielo y los copos de nieve, se aglomeran alrededor de estas partículas y caen a la tierra cuando son lo suficientemente pesados.

Los agentes de nucleación son especialmente importantes en el etéreo reino de las nubes nuctilucentes, ya que estas nubles se forman en los límites del espacio exterior donde la presión del aire es casi nula, y por lo tanto las probabilidades de que dos moléculas de agua se encuentren son pocas, y de que se junten son aún más escasas, pero el humo de los meteoros ayuda a que se den las condiciones necesarias para ello.

Según los datos obtenidos a través del satélite AIM, los cristales de hielo pueden conglomerarse alrededor del polvo de los meteoros de rango entre 20-70 nanómetros. En comparación, las nubes tipo cirro que se forman en la parte más baja de la atmósfera donde el agua es abundante, contienen cristales entre 10 a 100 veces más grandes.

El pequeño tamaño de los cristales de hielo explica el color azulado de las nubes. Las partículas pequeñas tienden a dispersar las longitudes de onda de luz más cortas (azules) de forma más intensa que las longitudes de onda más largas (rojas). Así que cuando un rayo de luz golpea una nuble nuctilucente, el color azul es el que se dispersa hacia la Tierra.

El humo de los meteoros explica mucho sobre las nubes nuctilucentes, pero aún persiste un misterio fundamental. ¿Porqué brillan y se esparcen?

La importancia de su estudio

En el siglo XIX, las nubes nuctilucentes sólo eran visibles desde mayores altitudes, como Canadá o Escandinavia, pero en época reciente han sido observadas más hacia el sur, en lugares como Colorado, Utah y Nebraska. Russell cree que esto se debe al cambio climático.

Uno de los gases más abundantes en la atmósfera desde el siglo XIX es el metano; subproducto del carbón, gas natural, petróleo, vertederos y de actividades agrícolas.

Resulta que el metano incrementa al formación de las nubes nuctilucentes, como lo explica Russell, “cuando el metano llega a las capas más altas de la atmósfera es ionizado a través de una compleja serie de reacciones hasta formar vapor de agua, y es este vapor extra lo que permite la formación de cristales de hielo para la formación de las nubes nuctilucentes.

Este gráfico, preparado por el profesor James Russell de la Universidad de Hampton, muestra cómo el metano, un gas de efecto invernadero, hace que aumenten las cantidades de vapor de agua en la superficie de la atmósfera.  Las moléculas de agua se congelan alrededor del humo dejado por los meteoros para formar las nubes nuctilucentes.

Este gráfico, preparado por el profesor James Russell de la Universidad de Hampton, muestra cómo el metano, un gas de efecto invernadero, hace que aumenten las cantidades de vapor de agua en la superficie de la atmósfera. Las moléculas de agua se congelan alrededor del humo dejado por los meteoros para formar las nubes nuctilucentes.

De comprobarse esta teoría, las nubes nuctilucentes resultarían ser una especie de “canario de mina” que nos alerta sobre cuál es el principal gas de efecto invernadero. Y es por esto que también resulta importante su estudio, porque aunque tienen una apariencia extraterrestre, nos dicen algo muy importante sobre nuestro propio planeta.

http://science.nasa.gov/science-news/science-at-nasa/2012/07aug_meteorsmoke/

5 mitos sobre el deshielo de la Antártida.

Retroceso glaciar

Últimamente se ha hablado mucho sobre el eminente colapso de la capa de hielo de la Antártida, que parece haber alcanzado un punto de no retorno según los estudios realizados por las Universidades de Washington y California, y que se estima consecuencia directa del cambio climático.

Sin embargo aún existen muchos mal entendidos sobre este fenómeno que conviene aclarar.

  1. El hielo de la Antártida está aumentando, no deshaciéndose

En efecto, el hielo marino de la Antártida está en continuo aumento desde las últimas décadas, pero lo que algunos no entienden al respecto es que el hielo marino no es lo mismo que los glaciares. Cuando los científicos hablan del derretimiento de la capa de hielo de la Antártida, se refieren a los glaciares existentes en tierra firme.

A diferencia de la capa de hielo oceánico del Ártico que persiste todo el año, en la Antártida casi todo el hielo del mar se derrite en verano. Por lo que el aumento del hielo marino, no influye en la masa total del hielo Antártico.

Resulta interesante que precisamente los mismos factores que influyen en el aumento del hielo marino pueden estar relacionados con el derretimiento de los glaciares. Vientos más fuertes, junto con un cambio en la temperatura oceánica y la salinidad del mar, influyen en el incremento del hielo marino al crear áreas abiertas donde puede formarse el hielo y reducir el derretimiento del mismo. Pero estas mismas condiciones también están ligadas a la progresiva desaparición de los glaciares, ya que los vientos conducen a un patrón en la circulación oceánica que conduce agua más cálida a la zona, la cual está derritiendo los glaciares desde abajo.

  1. Los glaciares se están derritiendo por la actividad volcánica

La parte oeste de la Antártida, donde el deshielo es más acusado, coincide con la mayor concentración de volcanes activos del lugar, lo que lleva a muchos a preguntarse si esto es lo que está influyendo en el derretimiento del hielo en lugar del cambio climático.

Varias líneas de investigación apuntan que un no rotundo como respuesta.

Por ejemplo en Islandia existen muchos volcanes activos pero los glaciares aún cubren su superficie, lo que demuestra que el fuego y el hielo pueden coexistir en los volcanes sin provocar un deshielo generalizado. Los volcanes tipo tuyas, (volcanes subglaciales) erupcionaron a través de las capas de hielo durante la última edad de hielo, y hay poca evidencia de que hayan causado un rápido y catastrófico derretimiento glaciar.

La actividad volcánica de la zona oeste de la Antártida no ha cambiado significativamente en las últimas décadas, que es precisamente cuando los glaciares comenzaron su galopante retroceso. Además los científicos han calculado que se necesitaría una súper erupción, más grande que la que podría producir el volcán de Yellowstone,  para que estos volcanes puedan derretir las millas de hielo que los cubren.

  1. Todo es consecuencia de la conspiración sobre el calentamiento global

Los estudios más recientes del oeste Antártico se basan en observaciones directas del deshielo glaciar, no en modelos computarizados o proyecciones climáticas. Y precisamente estos estudios concluyen que los 6 glaciares más grandes del oeste de la Antártida están  retrocediendo rápidamente y ningún calentamiento o enfriamiento global, excepto una nueva edad de hielo, podrá hacer mella en el retroceso.

  1. De todas formas la Tierra se acerca a una edad de hielo

Los climatólogos están de acuerdo en que la Tierra se ha calentado y enfriado de forma natural a través de su historia. Estos ciclos se han venido repitiendo cada 100 000 años desde los últimos 900 000 años. Si este patrón se repite una vez más, la Tierra debería estar encaminándose hacia otra edad del hielo, sin embargo ahora existe un nuevo factor que interviene en el ciclo: los humanos.

Los gases de efecto invernadero, los aerosoles (partículas contaminantes transportadas por el aire), y otros cambios provocados por los humanos, hacen que el ciclo natural del clima no se produzca de igual forma que en el pasado. Además los niveles de dióxido de carbono están alcanzado niveles no vistos desde hace 3 millones de años, cuando la Tierra era un sitio mucho más caliente, antes de que los humanos modernos evolucionaran. Así las cosas, se puede concluir que la edad de hielo aún está muy lejos de producirse. 

  1. Si el hielo se derrite, los niveles oceánicos deberían permanecer iguales porque es la misma materia en diferente estado flotando en el agua.

Como se apunta al comienzo de esta entrada, los glaciares a los que se refieren los informes son los enormes bloques de hielo continental, no el hielo que flota en el océano. Aunque es cierto que los glaciares de la Antártida terminan en plataformas de hielo flotante que se extienden en el océano, la basta mayoría del hielo se encuentra en tierra firme.

Un hecho interesante que a su vez confirma el proceso del deshielo antártico, es el hecho de que en la zona oeste de la Antártida, donde los glaciares han retrocedido, la tierra se está elevando.   Este fenómeno llamado ajuste postglacial o ajuste isostático, se produce cuando la tierra se libera del peso de los casquetes glaciares, algo que también está ocurriendo en algunas zonas de Norteamérica que estuvieron cubiertas de glaciares durante la última edad de hielo.

 

 

Vía: http://www.livescience.com/45571-antarctic-melting-myths.html

Erupciones volcánicas: un alivio al calentamiento global

Volcán, Sarychev, Rusia

Desde 1990, los científicos han observado más de dos décadas de rápido calentamiento global, y por lo tanto esperaban que esta tendencia continuara, pero a pesar de el incesante incremento en la emisión de gases de efecto invernadero, la temperatura de la superficie terrestre ha permanecido casi igual en los últimos 15 años.

En un estudio publicado esta semana en la revista Nature Geoscience, un grupo de científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), junto otros colegas de varios lugares de Estados Unidos, reportan que las erupciones volcánicas han contribuido a este reciente enfriamiento, y que la mayoría de los modelos climáticos no han tomado en cuenta los efectos de la actividad volcánica de forma correcta.

Como lo explica Susan Solomon, profesora de Química Atmosférica y Ciencias Climáticas en el MIT; existen muchos componentes en el sistema climático terrestre que pueden incrementar o disminuir la temperatura del planeta.  Por ejemplo, mientras los gases de efecto invernadero causan en calentamiento, un tipo de pequeñas partículas conocidas como aerosoles, producen el enfriamiento.  Cuando los volcanes hacen erupción con suficiente intensidad, aumentan estos aerosoles, en un fenómeno conocido como “presión volcánica”.

Los investigadores han verificado el fenómeno de enfriamiento al ejecutar dos tipos de mediciones diferentes para determinar si las recientes erupciones volcánicas han producido un efecto refrigerante que pueda ser diferenciado de la variabilidad climática intrínseca.  Al medir las contribuciones volcánicas y las temperaturas de la tropósfera (la capa más baja de la atmósfera), el equipo halló que existe una fuerte relación entre los aerosoles volcánicos y la cantidad de luz reflejada por esas partículas en la superficie de la atmósfera.

Con la ayuda de observaciones satelitales se ha confirmado que las partículas volcánicas reflejaron una cantidad significante de energía solar al espacio lo que contribuye a un descenso en la temperatura.

Como apunta Alan Robock, profesor de ciencias medioambientales de la Universidad de Rutgers y experto en el estudio del impacto de las erupciones volcánicas en el clima, este estudio será de ayuda para cuantificar el impacto de las futuras erupciones volcánicas, y a la vez interpretar mejor el papel de los humanos en el cambio climático.