Sobre la parálisis del sueño y los fantasmas junto a nuestra cama

Visitante de dormitorio

Alrededor de un 40% de personas alrededor del mundo, en algún momento de su vida se han despertado en medio de la noche con la angustiante sensación de no poder moverse, incluso algunos han presentado alucinaciones tales como la presencia de una sombría figura humana al lado de su cama. Sin embargo no hay nada que temer, ya que este es un fenómeno bien conocido entre los neurocientíficos, se trata de la parálisis del sueño.

Según los científicos, este fenómeno ocurre cuando una persona se despierta durante una fase del sueño conocida como movimiento rápido de ojos o REM por sus siglas en inglés, durante este etapa del sueño, las personas usualmente están soñando pero sus músculos están casi paralizados, lo cual puede deberse a una adaptación para evitar que nos levantemos y hagamos todo lo que soñamos que hacemos.

Lo que resulta más difícil de explicar es porqué el 1% de las personas que experimentan parálisis del sueño, llegan a sentir una opresión en su pecho y a visualizar una figura amenazante en su habitación, o como también se le suele llamar un visitante de dormitorio.

Una posible explicación nos la ofrece el doctor Baland Jalal, neurocientífico de la Universidad de California en San Diego, que junto a su colega Vilayanur Ramachandran, en un artículo publicado en la revista Hipótesis Medicas, (Medical Hypotheses), sugieren que podrían tratarse de una alucinación y que esta es la forma en la que el cerebro se libera de la confusión que le supone el despertarse durante la parálisis del sueño. Podría ser que en alguna parte del cerebro, posiblemente en los lóbulos parietales, situados en la parte central superior de nuestro cerebro, se almacene alguna imagen genéticamente programada de nuestro cuerpo, algo así como un molde.

Según lo explica el doctor Jalal, es posible que durante la parálisis del sueño, cuando los lóbulos parietales monitorean a las neuronas encargadas de enviar las órdenes de movimiento a nuestro cuerpo, al no detectar ningún movimiento en nuestras extremidades, el cerebro experimente una alteración en la forma en cómo se procesa la imagen que se tiene de nuestro propio cuerpo, y por ello la presencia de un intruso en la habitación sería el resultado de cómo nuestro cerebro trata de proyectar la propia imagen de nuestro cuerpo en una figura alucinada.

Esta propuesta, aunque interesante, resulta difícil de comprobar ya que para ello convendría estudiar esta experiencia en personas con extremidades amputadas o faltantes, porque de resultar cierta la hipótesis, estas personas tenderían a alucinar figuras en las que dicha extremidad no apareciera. Y dado que afortunadamente personas con estas características físicas sólo representan un 1% de la población, es muy difícil llevar a cabo un estudio de este tipo.

Por otra parte, el doctor Jalal también apunta a que la forma en cómo percibimos la experiencia de la parálisis del sueño, está condicionada a nuestras creencias culturales. En un estudio realizado en 2013, el doctor Jalal y su colega Devon Hinton de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, publicaron un estudio en la revista Cultura, medicina y psiquiatría (Culture, Medicine and Psychiatry), en donde analizaron el porcentaje de experiencias de parálisis del sueño y la cantidad de estrés que esta experiencia provocaba a sus testigos.

El estudio se realizó entre dos tipos de sociedades, la egipcia y la danesa; ya que estas dos sociedades son muy diferentes entre sí, mientras Egipto es un país muy religioso, Dinamarca es uno de los países con más ateos del mundo. Y hallaron que en comparación con los individuos daneses, los egipcios eran más propensos a experimentar episodios de parálisis del sueño, y que demás de presentarse por periodos más prolongados, estaban acompañados de un gran temor a morir a causa de esa experiencia.  Los participantes daneses pensaban que la parálisis sufrida, se debía a un mal funcionamiento del cerebro o debido a dormir en una posición inadecuada, mientras que los egipcios eran más propensos a creer que este fenómeno era producto de causas sobrenaturales.

En otro estudio publicado en 2014 por la revista Psiquiatría Transcultural, (Transcultural Psychiatry), la mitad de los participantes egipcios afirmaron que creían que la parálisis de sueño fue infligida por un jinn, una especie de genio de la mitología islámica.

Jalal y sus colegas han llegado a la conclusión de que dado que la personas con creencias en lo sobrenatural tienden a experimentar más temor durante los episodios de la parálisis del sueño, así como episodios más largos; es posible que sus temores contribuyan a incrementar la intensidad de estos fenómenos y viceversa.

Si una persona tiene temor, la activación de los centros de temor en el cerebro puede hacer a la persona más propensa a despertarse durante la parálisis del sueño y por lo tanto experimentarla en toda su intensidad; como lo explica el doctor Jalal, ello provocará un aumento de la sensación de temor, que sumado a sus creencias culturales en lo paranormal, aumentará más el temor y la intensidad de la experiencia.

De ahí que el hallar una explicación científica para el fenómeno de la parálisis del sueño, puede ser de gran ayuda para personas que experimenten episodios particularmente aterradores y estresantes, al ofrecerles una explicación más tranquilizadora a la culturalmente aprendida de atribuirle esta experiencia a seres sobrenaturales.

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Las ondas gravitacionales primigenias resultaron ser polvo.

Satélite Planck y  la Radiación de Fondo de Microondas (RFM).

Satélite Planck y la Radiación de Fondo de Microondas (RFM).

El 17 de marzo del año pasado, científicos a cargo del telescopio Bicep2 localizado en el polo sur y encargado de estudiar las imágenes del fondo de polarización extragaláctica cósmica; anunciaron que posiblemente habían descubierto las marcas de las ondas gravitacionales primigenias, aquellas producidas a sólo una ínfima fracción de segundo, 10 /-34  segundos (un punto decimal, seguido de 33 ceros y un uno) después del Big Bang, cuando el universo comenzó a expandirse rápidamente y que vendrían a confirmar la Teoría de la inflación.

Estas elusivas ondas gravitacionales, serían las minúsculas perturbaciones en el tejido del espacio-tiempo que los astrónomos creen que pudieron haberse creado durante la etapa inflacionaria del universo.

Estas perturbaciones deberían haber dejado una impronta en otra característica del cosmos, su polarización. Cuando las ondas de luz vibran en determinada dirección podemos decir que esa luz está polarizada. La radiación de fondo de microondas cósmicas (RFM) está polarizada, mostrando un intrincado patrón que surge de la combinación de dos modelos, uno circular y otro radial (conocidos como modos E) y otro patrón ondulado (modos B), estos últimos son los que podrían demostrar si realmente se produjo una inflación en el Universo primigenio.

El problema con el que se encuentran los investigadores, es que existen diversos fenómenos en el universo que pueden generar este tipo de patrones, sean modos E o B en diferentes escalas angulares, por lo que su identificación requiere de unas mediciones extremadamente precisas.

Unido a esto existen dos problemas más, el primero de ellos es que, los modos B que se buscan podrían estar escondidos en la polarización de la RFM, la cual sólo representa un diminuto porcentaje del total de la luz visible.

El segundo es que existe otro fuerte contrincante capaz de generar un efecto similar a los modos B, el polvo interestelar de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea.

La Vía Láctea está repleta de una mezcla de gas y polvo que brilla a una frecuencia similar a la de la RFM, esta luz, afecta la observación de la luz cósmica más antigua, lo que hace necesario que se realicen meticulosos análisis para separar la luz galáctica de la emitida por la RFM. Sumado a esto, el polvo interestelar también emite luz polarizada que a su vez afecta la polarización de la RFM.

Según lo explicó el profesor John Kovac, investigador en jefe del proyecto BICEP2 en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos; cuando se detectaron por primera vez las supuestas señales de ondas gravitacionales, se confió en los modelos de emisiones de polvo galáctico que estaban disponibles en ese entonces, los cuales parecían indicar que la región del cielo escogida para las observaciones presentaba una menor polarización producto del polvo, por lo que se interpretó que la señal captada procedía de la RFM.

Pero ahora que se han publicado mapas más detallados de las emisiones de polvo polarizado de nuestra galaxia, resulta evidente que la presencia de polvo galáctico en la zona estudiada, era mayor que la esperada.

Al cotejar los resultados obtenidos tanto por el satélite Planck, diseñado para analizar las anisotropías de la RFM, como los del conjunto de telescopios Keck Array, diseñados para medir con gran precisión la polarización de la RFM y buscar señales de los modos B, con los que se obtuvieron en el BICEP2; se ha concluido que en los datos analizados en BICEP2 se subestimó la cantidad de polvo en la zona estudiada y por lo tanto las señales detectadas correspondían a la cantidad de polvo presente en esa región del espacio. Ya que al eliminar las señales producidas por el polvo galáctico, las señales de los modos B restantes, son tan pequeñas que no pueden ser consideradas como una detección de las tan buscadas ondas gravitacionales.

Visión del Planck del campo analizado por el Bicep2

Visión del Planck del campo analizado por el Bicep2

Lo anterior desde luego no quiere decir que no existan las ondas gravitacionales, sólo concluye que aún no han sido detectadas.

Aunque la confirmación de la ausencia del supuesto descubrimiento de estas ondas gravitacionales primigenias no sea lo que algunos esperaban, viene a confirmar algo que hace que la ciencia sea apasionante, y es la meticulosidad con que cada supuesto hallazgo es contrastado posteriormente garantizando así su fiabilidad, avanzamos poco a poco en el descubrimiento del origen del cosmos y con él nuestro propio origen, pero podemos estar seguros que lo hacemos a paso lento pero firme.

Fuente original:

http://www.esa.int/Our_Activities/Space_Science/Planck/Planck_gravitational_waves_remain_elusive