Sobre la parálisis del sueño y los fantasmas junto a nuestra cama

Visitante de dormitorio

Alrededor de un 40% de personas alrededor del mundo, en algún momento de su vida se han despertado en medio de la noche con la angustiante sensación de no poder moverse, incluso algunos han presentado alucinaciones tales como la presencia de una sombría figura humana al lado de su cama. Sin embargo no hay nada que temer, ya que este es un fenómeno bien conocido entre los neurocientíficos, se trata de la parálisis del sueño.

Según los científicos, este fenómeno ocurre cuando una persona se despierta durante una fase del sueño conocida como movimiento rápido de ojos o REM por sus siglas en inglés, durante este etapa del sueño, las personas usualmente están soñando pero sus músculos están casi paralizados, lo cual puede deberse a una adaptación para evitar que nos levantemos y hagamos todo lo que soñamos que hacemos.

Lo que resulta más difícil de explicar es porqué el 1% de las personas que experimentan parálisis del sueño, llegan a sentir una opresión en su pecho y a visualizar una figura amenazante en su habitación, o como también se le suele llamar un visitante de dormitorio.

Una posible explicación nos la ofrece el doctor Baland Jalal, neurocientífico de la Universidad de California en San Diego, que junto a su colega Vilayanur Ramachandran, en un artículo publicado en la revista Hipótesis Medicas, (Medical Hypotheses), sugieren que podrían tratarse de una alucinación y que esta es la forma en la que el cerebro se libera de la confusión que le supone el despertarse durante la parálisis del sueño. Podría ser que en alguna parte del cerebro, posiblemente en los lóbulos parietales, situados en la parte central superior de nuestro cerebro, se almacene alguna imagen genéticamente programada de nuestro cuerpo, algo así como un molde.

Según lo explica el doctor Jalal, es posible que durante la parálisis del sueño, cuando los lóbulos parietales monitorean a las neuronas encargadas de enviar las órdenes de movimiento a nuestro cuerpo, al no detectar ningún movimiento en nuestras extremidades, el cerebro experimente una alteración en la forma en cómo se procesa la imagen que se tiene de nuestro propio cuerpo, y por ello la presencia de un intruso en la habitación sería el resultado de cómo nuestro cerebro trata de proyectar la propia imagen de nuestro cuerpo en una figura alucinada.

Esta propuesta, aunque interesante, resulta difícil de comprobar ya que para ello convendría estudiar esta experiencia en personas con extremidades amputadas o faltantes, porque de resultar cierta la hipótesis, estas personas tenderían a alucinar figuras en las que dicha extremidad no apareciera. Y dado que afortunadamente personas con estas características físicas sólo representan un 1% de la población, es muy difícil llevar a cabo un estudio de este tipo.

Por otra parte, el doctor Jalal también apunta a que la forma en cómo percibimos la experiencia de la parálisis del sueño, está condicionada a nuestras creencias culturales. En un estudio realizado en 2013, el doctor Jalal y su colega Devon Hinton de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, publicaron un estudio en la revista Cultura, medicina y psiquiatría (Culture, Medicine and Psychiatry), en donde analizaron el porcentaje de experiencias de parálisis del sueño y la cantidad de estrés que esta experiencia provocaba a sus testigos.

El estudio se realizó entre dos tipos de sociedades, la egipcia y la danesa; ya que estas dos sociedades son muy diferentes entre sí, mientras Egipto es un país muy religioso, Dinamarca es uno de los países con más ateos del mundo. Y hallaron que en comparación con los individuos daneses, los egipcios eran más propensos a experimentar episodios de parálisis del sueño, y que demás de presentarse por periodos más prolongados, estaban acompañados de un gran temor a morir a causa de esa experiencia.  Los participantes daneses pensaban que la parálisis sufrida, se debía a un mal funcionamiento del cerebro o debido a dormir en una posición inadecuada, mientras que los egipcios eran más propensos a creer que este fenómeno era producto de causas sobrenaturales.

En otro estudio publicado en 2014 por la revista Psiquiatría Transcultural, (Transcultural Psychiatry), la mitad de los participantes egipcios afirmaron que creían que la parálisis de sueño fue infligida por un jinn, una especie de genio de la mitología islámica.

Jalal y sus colegas han llegado a la conclusión de que dado que la personas con creencias en lo sobrenatural tienden a experimentar más temor durante los episodios de la parálisis del sueño, así como episodios más largos; es posible que sus temores contribuyan a incrementar la intensidad de estos fenómenos y viceversa.

Si una persona tiene temor, la activación de los centros de temor en el cerebro puede hacer a la persona más propensa a despertarse durante la parálisis del sueño y por lo tanto experimentarla en toda su intensidad; como lo explica el doctor Jalal, ello provocará un aumento de la sensación de temor, que sumado a sus creencias culturales en lo paranormal, aumentará más el temor y la intensidad de la experiencia.

De ahí que el hallar una explicación científica para el fenómeno de la parálisis del sueño, puede ser de gran ayuda para personas que experimenten episodios particularmente aterradores y estresantes, al ofrecerles una explicación más tranquilizadora a la culturalmente aprendida de atribuirle esta experiencia a seres sobrenaturales.

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¿Estamos programados para creer que somos inmortales?

Inmortalidad

Muchas personas en todo el mundo, de diferentes culturas y creencias religiosas, creen en la inmortalidad del alma.

La mayoría de los estudios sobre la creencia en una vida después de la muerte, han encontrado que tanto los niños como los adultos, comúnmente creen que las sensaciones físicas como el hambre se acaban cuando la persona muere, pero las emociones continúan de alguna forma; pero ninguno de los estudios hasta ahora realizados se había cuestionado de dónde proceden estas creencias.

Investigadores de la Universidad de Boston, dirigidos por Natalie Emmons, examinaron las ideas de 283 niños acerca del tiempo antes de la concepción, para tratar de determinar si esta creencia es parte de nuestra naturaleza humana, o por el contrario algo impuesto por la cultura o la religión.

Para realizar este estudio, escogieron a dos grupos de niños de dos culturas diferentes del Ecuador,  uno compuesto por niños indígenas de la villa Shuar de la cuenca Amazónica, los cuales fueron escogidos porque no tenían creencias culturales acerca de vidas anteriores, y al estar normalmente expuestos al nacimiento y muerte a través de la cacería y la ganadería, se sospechaba que tendrían una visión mucho más racional acerca del tiempo anterior a su nacimiento.

En comparación, también se entrevistó a niños católicos-romanos de un área urbana cerca de Quito, a quienes se les había enseñado que la vida comienza con la concepción.

Se mostró a los niños dibujos de un bebé, una mujer joven y de esa misma mujer embarazada, y luego les hizo una serie de preguntas sobre las habilidades pensamientos y emociones durante cada periodo.

La profesora Emmons y su equipo pensaban que si la cultura es la que ejerce influencia en la creencia de la inmortalidad, ambos grupos de niños deberían rechazar la idea de una vida antes del nacimiento.  Sin embargo, los resultados fueron diferentes.

Ambos grupos de niños pensaban que el cuerpo no existía antes del nacimiento y que no tenían la habilidad para pensar o recordar, sin embargo dijeron que sus emociones y deseos existían antes de nacer.

Mientras que los niños generalmente reportaron que al no tener ojos, no podían ver las cosas antes de nacer, a menudo reportaron ser felices porque pronto conocerían a sus madres, o estar tristes de ser separados de su familia.

Aun los niños con conocimientos biológicos acerca de la reproducción, parecían pensar que habían existido en alguna forma eterna y que esa forma parecía consistir en emociones y deseos, asegura la profesora Emmons.

El estudio publicado en la revista “Desarrollo Infantil” (Child Development), concluyó que pese a que los investigadores por mucho tiempo habían pensado que estas creencias se desarrollaban a través de la exposición a la cultura o la religión, parece ser que las ideas de la inmortalidad emergen desde nuestra intuición, y que pueden ser el subproducto de nuestro altamente desarrollado razonamiento social.

Una característica de los humanos es el ver a los otros como la suma de sus estados mentales, sus deseos y emociones, lo que suele ser particularmente útil para predecir el comportamiento de nuestros congéneres.  Como explica la profesora Emmons, precisamente porque esta habilidad es útil, fluye hacia otra partes de nuestro pensamiento, ya que los humanos algunas veces vemos conexiones donde potencialmente no existen; es por esto que la idea del alma sobreviviendo fuera del cuerpo, a pesar de no tener fundamento científico, está profundamente arraigada.

Y es que la mayoría de nosotros nos gusta más pensar que algo de nosotros es capaz de trascender al cuerpo, ¿o no?.

Vía:  The Development of Children’s Prelife Reasoning: Evidence From Two Cultures.

La influencia de las emociones en nuestro cuerpo.

Investigadores europeos han elaborado un mapa corporal de las emociones, y es que todos hemos notado como las emociones que sentimos desencadenan sensaciones en nuestro cuerpo.

Este estudio fue realizado en más de 700 individuos de Finlandia, Suecia y Taiwan, a los que los investigadores indujeron diferentes estados emocionales y seguidamente  mostraron imágenes computarizadas del cuerpo humano, a fin de que pudieran colorear las diferentes regiones en donde sentían que la actividad se incrementaba o decrecía; logrando así elaborar un mapa donde se muestra una descripción topográfica los principales estados de ánimo o sensaciones.

Emociones

Curiosamente estos patrones de sensaciones resultaron ser coincidentes tanto para culturas del norte de Europa como para las del este de Asia.

Según Lauri Nummenmaa, profesor auxilar de la Universidad de Aalto, las emociones no sólo influyen en nuestro estado mental, sino también en nuestro estado corporal; de esta forma nos preparan para reaccionar rápidamente en caso de peligro, pero también ante las oportunidades tales como las interacciones sociales placenteras.  El ser conscientes de las sensaciones corporales nos podría ayudar a provocar sensaciones emocionales conscientes, tales como la sensación de felicidad.

Este hallazgo tiene importantes  implicaciones en el estudio de la influencia de las emociones en el estado físico de las personas, a la vez que permitirá comprender mejor los diversos desordenes emocionales y desarrollar novedosas herramientas para su diagnóstico.

El experimento fue financiado por el Consejo de Investigación Europeo, la Academia de Finlandia y la Universidad de Aalto (aivoAALTOproject).  Los resultados fueron publicados el 31 de diciembre en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

¿Qué hemisferio del cerebro lo domina a usted, el derecho o el izquierdo? ¿Qué podríamos hacer si usáramos todo nuestro cerebro? Los mitos más populares sobre el cerebro.

Cerebro

Por décadas la cultura popular nos ha hecho creer que las personas más metódicas y analíticas poseen cerebros con un hemisferio derecho dominante, pero lo cierto es que la ciencia nunca ha respaldado semejantes afirmaciones.

En un artículo publicado en la revista PlusOne, se describe como investigadores de la Universidad de Utah, han demostrado experimentalmente que esta creencia no es más que un simple mito. Si bien la finalidad de este experimento no era el de desmitificar este concepto, sino el de entender mejor la lateralización para tratar condiciones tales como el síndrome de Down, el autismo o la esquizofrenia, en donde el hemisferio izquierdo y derecho del cerebro tienen roles atípicos.  Al escanear más de mil cerebros los científicos no hallaron evidencia de que existan personas que preferentemente usen más el hemisferio derecho o el izquierdo de sus cerebros, puesto que todos los que participaron en este estudio demostraron sin lugar a dudas, que usaron todo su cerebro de forma equitativa durante el transcurso del experimento.

Lo que sí es cierto, es la preferencia del cerebro por usar una región más que otra para realizar determinadas funciones, a esto se le conoce como lateralización.  Así tenemos que el habla emana del lado izquierdo del cerebro en la mayoría de las personas diestras, lo cual no significa que los grandes escritores u oradores usen más el hemisferio izquierdo de sus cerebros, o que en ellos este hemisferio sea más rico en neuronas.  De hecho es la conexión entre ambas zonas del cerebro lo que hace que las personas sean capaces de dedicarse tanto al pensamiento analítico como a la creatividad.

Los científicos han llegado a estas conclusiones después de escanear el cerebro de más de 1 000 personas entre los 7 y los 29 años, y estudiar la actividad de 7 000 áreas del cerebro y las conexiones neuronales dentro y entre esas regiones,  y se observó que ambos hemisferios presentaban pautas similares en sus redes de conectividad, y además no se hallaron patrones donde hubiese una mayor conexión o redes cerebrales en el hemisferio derecho o izquierdo en ninguna de las personas analizadas.

Origen del mito:

El mito de que existen personas con un hemisferio cerebral predominante puedo haber surgido cuando el ganador del Premio Nobel e investigador Roger Sperry en un experimento realizado en 1960 estudió a personas con epilepsia a los que previamente les habían extraído una parte de su estructura cerebral llamada cuerpo calloso, y dado que el cuerpo calloso conecta ambos hemisferios del cerebro, esos pacientes ya no podían comunicarse.  Lo cual facilitó a Sperry y otros investigadores a través de una serie de brillantes experimentos, el determinar cuáles regiones del cerebro estaban relacionadas con el habla, las matemáticas, el dibujo, etc.

Dichos hallazgos fueron posteriormente usados por entusiastas de la psicología popular para crear la noción de que la personalidad y otros atributos humanos estaban relacionados con tener un hemisferio cerebral más predominante que el otro.

¿Usamos la totalidad de nuestra capacidad cerebral?

El segundo mito más extendido sobre el cerebro, es que sólo usamos un 10% de su capacidad.

Aunque en este caso no se sabe con exactitud cómo surgió el mito, se sospecha que todo pudo ser consecuencia de una frase de un psicólogo y autor estadounidense William James, que en su libro titulado  “The energies of Men” (“Las energías de los hombres”), decía que “sólo hacemos uso de una pequeña parte de nuestros potenciales mentales y físicos”.   También hay quien atribuye el mito a una mala interpretación de una cita de Albert Einstein para explicar el porqué de su elevado intelecto.

Como lo explicó para la revista Scientific American el neurólogo Barry Gordon de la Escuela de Medicina Johns Hopkins, “La perpetuación del mito surge de las propias concepciones que tiene la gente sobre sus propios cerebros; ellos son conscientes de sus deficiencias y las interpretan como evidencia de la existencia de cantidad de materia gris inutilizada, lo cual es completamente falso.  Lo que es correcto sin embargo, es que en ciertos momentos como cuando simplemente estamos quietos pensando, tal vez entonces sólo estemos usando un 10% de nuestro cerebro, pero la mayoría del tiempo nuestro cerebro está en completa actividad”.

Usando tecnología de imagen los investigadores han podido observar que si bien es cierto que en determinados momentos no todas las regiones del cerebro están en marcha, ocurre lo mismo que con los músculos de nuestro cuerpo, la mayoría de encuentran activos las 24 horas del día.

El cerebro representa el 3% del total de nuestro peso corporal, pesa en promedio 1.360 gramos y usa el 20% de la energía del cuerpo.  El resto de la energía es usada para controlar otras actividades, sean inconscientes como los latidos del corazón, o conscientes como conducir un vehículo.

cerebro

Como lo explica John Henley neurólogo de la Clínica Mayo, “la evidencia sugiere que diariamente usamos el 100% de nuestro cerebro, aun cuando dormimos, áreas como el cortex frontal (que controla los pensamientos de más alto nivel y la propia consciencia) o áreas somatosensoras (que ayudan a que podamos ser conscientes y percibir nuestro alrededor), están activas.  Por ejemplo,  en el simple acto de prepararnos el café por la mañana: caminar hacia la máquina de café, alcanzarla, servirnos la bebida en la taza y aún dejar espacio extra en ella para la crema, los lóbulos occipitales y parietales, el motor sensorial, el cortex somatosensorial, el ganglio basal , el cerebelo y los lóbulos frontales están activos.  Una tormenta de actividad neuronal ocurre casi a través de todo el cerebro en el corto periodo de unos segundos.

Esto no significa que si el cerebro resulta dañado una persona será incapaz de realizar las actividades cotidianas, Henley explica que “las personas que tienen partes de su cerebro dañado o que incluso le han sido extirpadas, son capaces de hacer vida normal porque el cerebro se encarga de compensar y asegurarse de que las partes restantes se encarguen de realizar esas actividades”.

Misterios que aún esconde el cerebro:

A través de escaneos cerebrales, los científicos han descubierto que las neuronas encargadas de realizar actividades similares tienden a agruparse, por ejemplo: las neuronas encargadas de controlar el movimiento del dedo pulgar tienden a agruparse junto a las encargadas del movimiento del dedo índice.

Lo que aún se desconoce es cómo los racimos de neuronas de las diferentes áreas del cerebro colaboran para formar la consciencia.  Hasta ahora no hay evidencia de que la consciencia radique en una parte determinada de nuestro cerebro, lo que hace creer a los investigadores que puede ser el producto de un esfuerzo neuronal colectivo.

Otro misterio que se esconde dentro de  nuestros arrugados córtices, es que de casi todas las células del cerebro, sólo el 10% son neuronas, el otro 90% son células gliales que encapsulan y sustentan a las neuronas pero cuyas funciones son casi desconocidas.

Así que no se trata de que sólo usemos el 10% de nuestros cerebros, sino que sólo conocemos el 10% de sus funciones.

Fuentes:

http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0071275

http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=people-only-use-10-percent-of-brain

 

¡Creer es poder!

Poder mental

Nuestras capacidades tanto intelectuales como físicas no sólo están condicionadas por nuestros genes, sino también por nuestros pensamientos.

Estos son algunos de los estudios divulgados en diversas publicaciones científicas que demuestran cómo influyen las creencias en nuestras capacidades:

  1. Podemos mejorar nuestra visión basándonos en una creencia popular:  según un informe publicado por la Association for psychological science, un grupo de personas mostraron mejoras en un test de visión, basándose en la creencia popular de que los pilotos del ejército deben tener agudeza visual, aquí se describe como los investigadores disfrazaron a personas como pilotos de la Fuerza Aérea y las sometieron a un examen de la vista mientras hacían pruebas con un simulador de vuelo, siendo que la visión de estas personas mejoró mientras estaban trabajando con el simulador y regresaron a sus valores normales cuando estaban fuera de la cabina de vuelo.
  2. Si tienes confianza, tendrás mejores resultados: según un experimento realizado por el mismo grupo de investigadores, al someter a un grupo de personas a un cuestionario realizado a través de un ordenador y decirles que después de aparecer la pregunta en el monitor, este haría un breve destello en donde se les revelaría la respuesta lo suficientemente rápido para que la mente consciente no la captara, pero sí la subconsciente, cuando en verdad el destello no era más que un simple flash, se observó que los resultados obtenidos era considerablemente superiores a los obtenidos por el grupo al que se les dijo que después de cada pregunta el ordenador haría un destello para indicar que la pregunta había finalizado.
  3. Con el simple hecho de cambiar  nuestros pensamientos sobre nuestra actividad física, podemos cambiar nuestros cuerpos:  es lo que concluye un experimento detallado en la página web de la de Harvard University psicological science, y realizado con  camareros de hotel que limpiaban un promedio de 15 habitaciones diarias, a razón de entre 20-30 minutos de trabajo por habitación.  Ninguno de ellos creía que hacían la cantidad de ejercicio recomendado para los médicos.  A la mitad de los sometidos al experimento se les convenció de que al realizar su trabajo estaban realizando la cantidad de actividad física necesaria para mantener un estilo de vida saludable. Mientras que a la otra mitad no se les dijo nada.  Ambos grupos fueron cuidadosamente monitoreados tanto en las actividades que realizaban dentro y fuera de su trabajo, como en su alimentación para asegurarse  que seguían un estilo de vida similar.  Los resultados fueron sorprendentes: el grupo al que se les hizo creer que actividad laboral era suficiente para mantener la salud física perdió peso, redujo el porcentaje de grasa corporal y mejoró en las pruebas de presión arterial.
  4. Podemos aumentar nuestra resistencia física con nuestros pensamientos:  Según otro estudio de la European Journal de Neurociencia, se les pidió a un grupo de personas que levantaran cierta cantidad de peso después de haber bebido una sustancia supuestamente alta en cafeína, pero que en realidad no contenía cafeína, el truco estaba en que lo que habían levantado no pesaba tanto cómo se les dijo. Eso para que asociaran la ingesta de ese líquido con una menor sensación de cansancio. Después, cuando nuevamente volvieron a levantar el peso, esta vez coincidente con el que se les había dicho inicialmente, luego de volver a tomar la sustancia que creían alta en cafeína, todos los participantes experimentaron menos sensación de fatiga.
  5. También se puede eliminar las sensación de ansiedad:  según la revista Neutron, al someter un grupo de personas a una serie de fotografías muy desagradables, les administraron medicación para suprimir la ansiedad que les provocó.  Luego, al repetir el experimento pero esta vez en lugar de inyectar medicación se les inyectó solución salina, se observó una reducción de la ansiedad al mismo nivel que si se les hubiera suministrado el medicamento contra la ansiedad.
  6. Al cambiar nuestros patrones mentales, podemos ser más creativos:  según otro experimento por la American Psychological Association, cuando se les presentaban objetos extraños a las personas condicionándolas al decirles que se trataba de un juguete para perros, se esforzaron menos en tratar de explicar cómo podría funcionar.  Por el contrario, cuando sólo se les presentaba el objeto diciéndoles que “podría” tratarse de un juguete para perros, los participantes fueron mucho más creativos a la hora de explicar su funcionamiento.
  7. Lo hizo porque no sabía que era imposible: por último me gustaría recordarles la hazaña realizada por Sr. Roger Gilbert Bannister, quien en 1954 fue en primer hombre en correr una milla (1.609 metros) en menos de 4 minutos.  Antes de eso, un reputado médico había declarado que era imposible para el cuerpo humano correr esa distancia a esa velocidad, y por muchos años parecía que en efecto era imposible, hasta que Bannister demostró lo contrario, y bastó sólo con eso para que 46 días después otra persona fuera capaz de superar ese record y muchos otros más fueron acortando el tiempo en recorrer esta distancia, ahora que creían que sí era posible.

Qué los pensamientos no te limiten nunca, si crees que puedes podrás, ¡la ciencia lo ha confirmado una y otra vez!

¿Hay vida después de la muerte?

bosco

La visión de una cálida luz al final del túnel es un tema recurrente en las experiencias cercanas a la muerte, tal y como se representa en este cuadro de Hyeronimus Bosch

Todos hemos oído hablar de esas extrañas visiones que muchas personas que han estado al borde de la muerte han experimentado y cuyos patrones tales como la luz al final del túnel, el reencuentro con seres queridos ya fallecidos, o esa voz que nos dice que no nos ha llegado la hora y que hemos de regresar, se repiten una y otra vez sin importar la edad o creencias particulares de las personas que las han vivido.  ¿Pero cuál será el origen de tales experiencias, existirá algo más allá de esta vida?

Los neurocirujanos también se hacen esas preguntas, y por eso en la Universidad de Michigan han realizado un curioso experimento, cuyos resultados se publicaron esta semana en una de las más prestigiosas revistas científicas The Journal of Proceedings of the National Academy of Sciences. Aquí, uno de los científicos que participó en el experimento explicaba que después de anestesiar a nueve ratas que estaban conectadas a una máquina que monitoreada su actividad cerebral (encefalogramas), a unas se les provocó  un paro cardiaco,  y observaron con asombro que después de 30 segundos de haber cesado su actividad cardiaca y haber entrado en lo que se conoce como muerte clínica,  sus cerebros continuaban  experimentando señales de actividad, ¡incluso más fuerte que las que experimentamos al despertarnos!.

Para asegurarse de que este fenómeno no se debía a alguna particularidad consecuencia del paro cardiaco, sometieron a las ratas restantes a muerte por asfixia usando monóxido de carbono, observando en sus cerebros exactamente los mismos resultados.

En ambos grupos de ratas la actividad cerebral continúo por 30 segundos en las 6 regiones cerebrales monitorizadas, para gradualmente decaer hasta desaparecer.

Si bien es cierto que es imposible saber si las ratas experimentaron la visión del túnel, sí se encontró evidencia de actividad en el cortex visual, la parte del cerebro que procesa las imágenes visuales.

Las conclusiones que arrojó este estudio es que la actividad cerebral no se detiene al mismo tiempo que el corazón deja de latir, sino que desemboca en una frenética actividad eléctrica durante las primeras etapas de la muerte.  Por lo que si los cerebros humanos presentan los mismos patrones, es posible que el particular aumento de la actividad eléctrica en el cerebro sea la responsable de generar esas visiones trascendentales que el 10% de los pacientes resucitados después de sufrir un paro cardiaco manifiesta haber experimentado con tanta lucidez.

Pese a los interesantes resultados de este estudio la pregunta aún permanece abierta, ¿las experiencias cercanas a la muerte corresponden a una dualidad de la mente-espíritu o son simplemente una manifestación del torrente eléctrico provocado por un cerebro moribundo en un fallido intento por recuperarse?

Para tener una respuesta la ciencia aún tiene mucho camino que recorrer en este enigmático túnel del misterio.